The bunker that houses the International Wine and Spirits Museum today was the perfect hiding place for both weapons and artillery.Jose ConfusedUpdated: 05/03/2017 12:41 hoursShare

Transforming a war bunker into a museum is already a challenge, but achieving such a spectacular result as that of the Shanghai International Wine and Spirits Museum seems mission impossible. Where before there were weapons and artillery, today the most complete wine collection in all of Asia is housed. Leading the result is Shanghai Godolphin, a revolutionary design studio that has brought tradition and functionality together.

Built under the mandate of Chiang Kai-shek, former leader of the Republic of China, the bunker that today houses the International Wine and Spirits Museum -International Wine and Spirits Museum- was the perfect hiding place for both weapons and artillery , as well as works of art and other national treasures during the hard years of the war. Located on Mount Chenshan – now known for its botanical gardens – and almost a hundred years old , it offered a perfect location due to its thermal conditions and the presence of running water in the bunker itself. A site that, of course, could not be abandoned.

“During the first visit to the bunker, my senses encountered the smell of dampness and the reverberations of our steps and voices against the concrete walls,” explains Yin Lixue, head of Shanghai Godolphin  , the design studio that has been responsible for The construction of the museum . “While each section of the bunker was illuminated with the old emergency lights, we could see that it had been abandoning for a while, but that many lives had passed through there.” Such was the impression that he did not hesitate for a second to take on the project.

The scenario that visitors to the Museum will currently find has little to do with a bunker. In fact, to get to their location they must pass through the city’s botanical gardens. Designed to respect the original structure, the project combines traditional cement walls with innovative facilities made from reused wine boxes . “The facilities are easily removable, so as not to damage the historical environment at any time,” says Kyle Mertensmeyer, one of the project managers.

The project combines traditional cement walls with innovative facilities made from reused wine boxes.

If something attracts attention during the visit to the museum is the use of lighting . Long corridors decorated with lamps that offer the feeling of a virtually unlimited space . It is a captivating effect, they say, intended to encourage visitors to explore the depths of the museum and erase from their minds the idea that they are in an underground and particularly claustrophobic space. Despite, of course, having an area of ​​almost 3000 square meters, destined, above all, for the large cellar, but also for cultural and informative activities.

Long corridors decorated with lamps that offer the feeling of a virtually unlimited space.

The museum also has a private area , designed to make wine tastings on special occasions . Closed behind heavy metal doors, reminiscent of what was originally the space, is an almost magnetic place, decorated with bottles suspended in a circular wooden structure. The dim lighting by LEDs and the mirror that reflects the space , make this winery one of the greatest visual and architectural attractions of the museum. It is not surprising that the project has received numerous international awards.

The museum also has a private area, designed to make wine tastings on special occasions.

The dim lighting by LEDs and the mirror that reflects the space, make this winery one of the greatest visual and architectural attractions of the museum.

However, despite the intense renovation work, since Shanghai Godolphin have not wanted to erase the traces of the past. Hence they wanted to keep the room intact where the niches of the people who lived in the bunker rest, lighting it only with candles. “It’s our way of explaining history,” says Mertensmeyer. A detail that magnifies, more if possible, the work. Bullets have given way to bottles, gardens, culture and also to tranquility in this unique Museum in the world.


International Wine and Spirits Museum de Shanghai, un búnker convertido en museo

El búnker que alberga hoy el International Wine and Spirits Museum fue el escondite perfecto tanto para armas y artillería.José ConfusoActualizado: 03/05/2017 12:41 horasCompartir

Transformar un búnker de guerra en un museo ya es un reto, pero conseguir un resultado tan espectacular como el del International Wine and Spirits Museum de Shanghai parece misión imposible. Donde antes había armas y artillería, hoy se aloja la colección de vinos más completa de todo Asia. Al frente del resultado se encuentra Shanghai Godolphin, un revolucionario estudio de diseño que ha conseguido unir tradición y funcionalidad.

Construido bajo el mandato de Chiang Kai-shek, ex líder de la República China, el búnker que alberga hoy el International Wine and Spirits Museum -International Wine and Spirits Museum- fue el escondite perfecto tanto para armas y artillería, como para obras de arte y demás tesoros nacionales durante los duros años de la guerra. Ubicado en el monte Chenshan -conocido, actualmente, por sus jardines botánicos- y con casi cien años de antigüedad, ofrecía una localización perfecta debido a sus condiciones térmicas y la presencia de agua corriente en el propio búnker. Un emplazamiento que, desde luego, no podía quedar abandonado.

“Durante la primera visita al búnker, mis sentidos se toparon con el olor a humedad y las reverberaciones de nuestros pasos y voces contra los muros de hormigón”, explica Yin Lixue, responsable de Shanghau Godolphin, el estudio de diseño que se ha encargado de la construcción del museo. “Mientras cada sección del búnker se iba iluminando con las viejas luces de emergencia, pudimos ver que había estado abandonando por un tiempo, pero que habían pasado muchas vidas por allí”. Tal fue la impresión que no dudó ni un segundo en asumir el proyecto.

El escenario que se encontrarán actualmente los visitantes del Museo poco tiene que ver con un búnker. De hecho, para conseguir llegar a su ubicación deberán pasar por los jardines botánicos de la ciudad. Ideado para respetar la estructura original, el proyecto combina las paredes de cemento tradicionales con innovadoras instalaciones realizadas a partir de cajas de vino reutilizadas. “Las instalaciones son fácilmente desmontables, para así no dañar en ningún momento el entorno histórico”, asegura Kyle Mertensmeyer, uno de los responsables del proyecto.

El proyecto combina las paredes de cemento tradicionales con innovadoras instalaciones realizadas a partir de cajas de vino reutilizadas.

Si algo llama la atención durante la visita al museo es la utilización de la iluminaciónLargos pasillos decorados con lámparas que ofrecen la sensación de un espacio prácticamente ilimitado. Se trata de un efecto cautivador, aseguran, destinado a animar a los visitantes a explorar las profundidades del museo y borrar de su mente la idea de que se encuentran en un espacio subterráneo y particularmente claustrofóbico. A pesar, claro, de contar con una superficie de casi 3000 metros cuadrados, destinados, sobre todo, a la amplia bodega, pero también a actividades culturales y divulgativas.

Largos pasillos decorados con lámparas que ofrecen la sensación de un espacio prácticamente ilimitado.

El museo posee, además, una zona privada, pensada para realizar catas de vino en ocasiones especiales. Cerrada detrás de pesadas puertas de metal, recuerdo de lo que fue en su origen el espacio, se encuentra un lugar casi magnético, decorado con botellas suspendidas en una estructura circular de madera. La tenue iluminación por LEDs y el espejo que refleja el espacio, convierten esta bodega en uno de los mayores atractivos visuales y arquitectónicos del museo. No es de extrañar que el proyecto haya recibido numerosos reconocimientos internacionales.

El museo posee, además, una zona privada, pensada para realizar catas de vino en ocasiones especiales.

La tenue iluminación por LEDs y el espejo que refleja el espacio, convierten esta bodega en uno de los mayores atractivos visuales y arquitectónicos del museo.

Con todo, pese a la intensa labor de renovación, desde Shanghai Godolphin no han querido borrar las huellas del pasado. De ahí que quisiesen mantener intacta la sala donde descansan los nichos de las personas que vivieron en el búnker, iluminándola tan solo con velas. “Es nuestra forma de explicar la historia”, afirma Mertensmeyer. Un detalle que magnifica, más si cabe, la obra. Las balas han dejado paso a las botellas, los jardines, la cultura y también a la tranquilidad en este Museo único en el mundo.

fuente: https://www.expansion.com/fueradeserie

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